Mi abuelo, Bibiano Morcillo, Teniente de la II República.

Artículo publicado en Público.es

Bibiano Morcillo García nació el 21 de Diciembre de 1915, en Torres de Juan Abad, Ciudad Real. Hijo de un artesano de la piedra y de una familia humilde, emigró a Madrid. Su hermano mayor, Juan Antonio, se esforzó para que Bibiano pudiera acceder a unos estudios y así fue. Estudió bachillerato y francés, lo cual le llevó a iniciar la carrera de militar en tiempos de la II República.
Un 18 de julio de 1936, él trabajaba como ayudante de un oficial. Estando en su día libre, recibió un mensaje: “vaya a casa a vestirse de soldado y se viene al cuartel, que esta misma tarde tomamos militarmente Madrid”.
Él era un firme defensor de la democracia que la república trajo a España, y como tal sintió la obligación de hacer algo por ella. Fue al Ministerio de Guerra, donde un Coronel le interceptó y le dijo “¿es que usted no sabe que los militares no tenemos que meternos en política?”. Acto seguido le echaron del Ministerio.
Ante su impotencia y ver que estaba frente a un bar lleno de obreros bebiendo, Bibiano entró y les agrió su bebida. Les dijo que se estaba gestando el alzamiento nacional en ese momento; los obreros le llevaron a la sede del Partido Comunista de España, donde dio la información que tenía.
Tras esta ruta por Madrid, volvió a su casa, donde su cuñada le pidió que se quedara allí, ante el miedo de que los militares del Ministerio de Guerra, le hubieran denunciado. Él no hizo caso y se personó en el Cuartel de la Montaña, ya que consideraba que era el menos malo de los caminos a tomar. Su oficial al mando no tenía notificación de denuncia alguna.
Estuvo en el Cuartel hasta la mañana del día 20, herrando sus disparos y sufriendo el asedio del pueblo de Madrid. Esa misma mañana, cuando vió que el Cuartel comenzaba a flaquear, hasta el punto que la puerta estaba semiabierta y no vigilada; bajó, la abrió y llamó al pueblo de Madrid a que tomaran el cuartel. Le quitaron su uniforme, para no confundirle con los fascistas. Cayó el Cuartel y el General Fanjul y se recuperó todo el armamento que en el se hallaba, incluyendo decenas de miles de cerrojos de los fusiles que estaban en el poder del Gobierno de la República..
Tras este episodio, el gobierno le movilizó como militar que era. Fue de los pocos que como tal, acudió a la llamada de la República. Comenzó en un cuerpo de zapadores, pero al poco tiempo se alistó en una escuela de oficiales, donde adquirió el rango de Teniente de artillería del Ejército Popular.
Pasó por muchas batallas: El Escorial, Peguerinos, Guadarrama, Valdemorillo, Brunete, Teruel, Zaragoza,… Todavía recuerdo como me narraba el infierno que fue para él la batalla de Belchite desde su unidad de artillería, con unas piezas Saint Chaumond francesas, de la Gran Guerra.
El final de la Guerra le cogió en Valencia, donde fue capturado y enviado 22 meses a un campo de concentración, en Astorga.
Tras esto le tocó emigrar, a Colombia, donde sus ruinosos negocios le obligaron a volver a España. Trabajó como carpintero, tuvo tres hijas y un hijo. Se las fueron arreglando como podían y con los años comenzaron a llegar sus nietos, primero una, después otra, hasta que fuimos nueve.
Con el Gobierno de Felipe Gonzalez, fue reconocido como militar, comenzó a recibir una pensión y algo que le hizo mucha más ilusión, una medalla que reconocía su labor en la Guerra Civil, como oficial del Ejército Popular de la II República.
Tras haber escuchado sus relatos en tantas ocasiones y a pesar de esto, seguir sintiendo la preocupación de olvidar algún detalle de una de sus historias, que tantos años de dictadura han intento borrar, hay un hecho que siempre me gusta resaltar. Cuando hablamos del bando republicano, siempre se habla de los comunistas, los socialistas, los anarquistas,… Adjetivos de los que algunos pecamos, pero mi abuelo tuvo una razón por la que se alistó a la defensa republicana diferente de estas. La II República representaba la democracia y por ello, su deber era defenderla, aún a precio de su vida.
Esta lección es la mayor que me ha dado en mis 28 años de vida y su ejemplo, es el que me anima a seguir luchando en este momento, por las ideas y las oportunidades, por las que él también luchó.
El 17 de junio, a sus 97 años, nos dejó, cansado de este mundo. Para recordarle, aquí dejo unas sabías frases de un compañero que ahora mismo se encuentra con él:
La historia, así con minúsculas, no es una sucesión de grandes hazañas perpetradas por grandes hombres en nombre de grandes ideas.
La historia, nuestra historia, es más bien una crónica de pequeños sucesos cometidos por anónimos vecinos, en perdidos pueblos de provincia (Álvaro Tejero).

Carlos Morcillo Huerga, uno de sus nueve nietos

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Una respuesta a Mi abuelo, Bibiano Morcillo, Teniente de la II República.

  1. Angeles dijo:

    Contento estaría el abuelo de ver con que entusiasmo,recuerdas sus hazañas, y con que respeto lo metes en la historia de este país.

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